Si te duelen las amígdalas con frecuencia y tienes esa sensación incómoda al tragar, hoy os vamos a dar un remedio que ya ponían en práctica los mayores de la casa, aunque algunos preferían aguantarse, porque decían que era de “armas tomar”.
Consiste en colocarse alrededor del cuello un paño humedecido en vinagre, además de tomar un diente de ajo crudo a palo seco y masticado lentamente para que sus propiedades curativas puedan actuar muy bien sobre las amígdalas.
La opción para no pasar ese mal rato es tomar un vaso bien caliente de la cocción de ajos crudos. El sabor no es una maravilla, pero se soporta mejor.
También suele tener más éxito una infusión de corteza de olmo bien endulzada con dos cucharadas de rica miel, pero no uses cualquiera, es mucho mejor la de flores de brezo, también indicada para catarros y problemas del aparato respiratorio. Eso sí, hay que evitarla en caso de notar acidez de estómago.
Además de esta tisana, puedes utilizar una hecha con tamarindo. Tómala calentita y haz gárgaras dos veces cada días, por la mañana y por la noche. ¡Gran alivio!

Publicado por yasmina en 11 junio, 2012 at 14:46
pondré en práctica este consejo, porque me suele doler mucho la garganta… aunque espero que funcione, porque lo de los ajos…. aggggg
Publicado por Patricia Carnero en 12 junio, 2012 at 10:36
Ya verás como sí funciona. El ajo ya sabemos que es un poco desagradable, pero bueno… hay que aguantar cuando se trata de mejorar la salud. Gracias por tu comentario. Un saludo.