Antiguamente a la gente que trabajaba en el campo y soportaba muchísimo frío en la época invernal, le salían con muchísima frecuencia grandes sabañones en pies y manos e, incluso, en las orejas.
Uno de los remedios más fáciles para combatirlos es friccionarlos con pimienta de cayena, que restablece en pocos segundos la circulación sanguínea, con lo que el dolor se alivia casi de inmediato. Pero esto sólo se puede hacer si la piel no presenta heridas ni alergia a la pimienta, claro está.
En el caso de que haya herida, lo mejor es curarlos con un agua que conseguirás cociendo un apio entero. Lava la zona afectada durante dos veces cada día con ella. A los pocos días los sabañones habrán desaparecido sin dejar rastro.
Por último, hay que tener a mano gachas con harina de avena. Una vez que están templadas, mete los pies o las manos y la mejora será inmediata.
