¡Eres peor que un dolor de muelas!

Cuántas veces no habremos pronunciado esta frase a lo largo de nuestra vida. No obstante, es cierto que un dolor de muelas es de lo más molesto. Si te desesperas porque la clásica bolsa repleta de cubitos de hielo no te libera del esta inquietante molestia, no te subas por las paredes y pon en marcha un remedio que ya utilizaban nuestras abuelas: la ceniza de la chimenea.

En una de aquellas antiguas palanganas que usaban para lavarse, echaban un puñado de ceniza, una pizca de salvado y otra de pimienta. Lo cubrían con agua muy caliente. Cuando estaba más templada, metían los pies durante un largo rato, frotándolos uno contra el otro. El dolor de muelas desaparecía mientras hacían este sencillo gesto.

Al mismo tiempo, se practicaban una especie de masajes en los laterales del dedo índice de la mano, justo a la altura donde nace la uña. El secreto está en ejercer presión en este punto, que está directamente relacionado con la dentadura. La molestia se alivia de inmediato.

Y si no te gusta ninguno de los otros consejos, te sugerimos que eches mano del clavo en especia, cuyo aceite tiene virtudes anestesiantes. Puedes utilizarlo de dos formas, como lo hacían antaño: masticando un clavo sobre la muela que duele o mezclando dos clavos con agua hirviendo para hacer gárgaras cuando el agua esté tibia.

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