¡Ay, mis huesos!

Inflamaciones en los codos, dolor en las rodillas… Desde que el mundo es mundo, el reúma insiste en complicar la vida a las personas, sobre todo a las menos jóvenes. Nuestras abuelas intentaban combartirlo con cualquier fuente de calor, aunque no como los indios americanos, que masajeaban enérgicamente la zona dolorida con pimientos picantes.

Aquellas familias que vivían cerca del mar solían acercarse hasta la playa para recoger litros de agua que luego hervían. El secreto de este remedio reside en el beneficioso efecto que ejerce sobre algunos tipos de reúma la combinación de los minerales del agua salada y el calor.

Se aplicaban paños calientes empapados en esta agua en las zonas doloridas. Y las que no tenían posibilidad de conseguir agua del mar, hervían patatas con su piel. La forma de aplicación era la misma. Lo importante es conservar el calor, por eso retiraban el paño cuando se enfríaba y volvían a colocarlo bien caliente.

Otro remedio: En África se descubrieron por primera vez las virtudes del harpagofito para el reumatismo. Hacían un cocimiento con 10 gramos de la raíz en un vaso de agua y, tras filtrarlo, lo bebían en pequeñas dosis durante el día. Notaréis un gran alivio.

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